Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente. Éxodo 29:38

Los sacerdotes de Israel debían sacrificar dos corderos diarios en representación de los pecados del pueblo. Estos animales inocentes ocupaban el lugar que merecían los culpables, la sangre se derramaba diariamente con el propósito de cubrir el pecado y aplacar la ira del Dios Santo. Cada mañana y cada tarde durante años todas las personas veían como un precioso corderito era llevado al altar para ser sacrificado.

Esta escena apuntaba hacía el salvador del mundo. Siglos más tarde Dios enviaría a Jesucristo su hijo unigénito para cargar y morir por todos nuestros pecados. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La cruz fue el altar donde Jesús voluntariamente entregó su cuerpo y derramó hasta la ultima gota de su sangre por amor a su pueblo.

Por consecuencia de nuestra rebeldía y pecado Jesús tuvo que abrazarse a una cruz maldita para darnos vida eterna. Ahora gracias a la obra y a la sangre de Cristo no necesitamos más intermediarios ni más sacrificios. Jesús es absolutamente suficiente, Él ha limpiado todos nuestros pecados y ha cancelado nuestras deudas. Gloria a Dios por Jesucristo nuestro Señor y Salvador.

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