Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón. Génesis 47:10

Jacob con más de 100 años se encontró cara a cara con la persona más importante y poderosa que se encontraba en el planeta tierra, Faraón. El máximo gobernador de la dinastía egipcia, el hombre que por medio de su palabra te mantenía con vida o por el contrario si quería en un instante te la arrebataba. Los egipcios y cada uno de los Faraones eran politeístas, (creían y adoraban a diversos dioses) pero Jehová en sus planes permitió que Israel el padre de José orase por Faraón.

En el mundo y en la sociedad en la que nos encontramos existen personas puestas en autoridad que cuentan con mucho poder. La gran mayoría de ellos al igual que Faraón son politeístas y sus corazones adoran a cientos de dioses, pero no confían en Dios ni en Cristo. Aun así, la Biblia nos manda y nos exhorta a respetar, someternos e incluso a bendecir a nuestras autoridades.

Tristemente vemos una gran corrupción en los políticos, además la gran mayoría de las personas no saben usar bien su posición de autoridad y muchos se desvían en el momento que sienten el sabor del poder. Pero nosotros los Hijos de Dios estamos llamados a imitar el ejemplo de Israel, cada vez que podamos y nos acordemos tenemos que orar y bendecir las vidas de aquellos que están sentados en lugares de autoridad.

Oremos para que Dios tenga misericordia, para que les de sabiduría en todas las decisiones que deben de tomar, que tengan temor en sus corazones y que todo cuanto hagan sea lo más afine a las Sagradas Escrituras. Trata en todo momento de bendecir y no maldecir porque a eso estamos llamados.