Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Hechos 15:5

Estas palabras fueron uno de los principales conflictos que hubo en la iglesia primitiva. Los judíos creyentes tenían que comenzar a asimilar que Dios estaba abriendo la salvación a todas las razas y culturas. La exclusividad ya no pertenecía al pueblo de Israel, ya no había que hacer cosas externas, sino que el proceso sería interno, en el corazón, por medio del Espíritu Santo.

Dios estaba deseando y tratando de iniciar algo nuevo, pero muchos judíos seguían anclados a los ritos, las formas y las leyes del Antiguo pacto. Pero, poco a poco, y tras varios debates, tuvieron que ceder y entender que Dios no quería imponerles esas normas a los nuevos creyentes.

De la misma manera nosotros los cristianos del siglo XXI tenemos que guardar y cuidar mucho nuestro corazón para no caer en el legalismo ni en la religiosidad. A veces podemos ser esclavos de nuestras formas litúrgicas, de nuestros pensamientos personales o de las estructuras denominacionales creadas por los hombres.

Nuestro yugo solo debe ser la voluntad de Dios revelada por medio de su palabra. Apuntemos siempre al corazón y dejemos que el Espíritu Santo sea el que transforme el interior y el exterior del hombre.