Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él? Job 21:14 y 15

Estas palabras tristemente son la realidad que predomina en el corazón de la gran mayoría de las personas de este mundo. El ser humano ha apartado a Dios de su vida, cree que no necesita la palabra, el consejo y la dirección del Dios Eterno y se niega a servir y a clamar al Creador del cielo y de la tierra.

Por todo esto, el mundo, las personas internamente y las relaciones están completamente destrozadas, todo es un verdadero caos. El hombre se cree autosuficiente y poderoso pero curiosamente no cuenta con el poder ni la capacidad de asegurar el próximo latido en su corazón.

Nosotros por el contrario, aquellos que somos Hijos de Dios, reconocemos y buscamos en todo momento el conocimiento del Señor para que nos guíe en medio de la oscuridad de esta sociedad. Sin el consejo y las palabras de Dios estaríamos completamente perdidos y navegaríamos sin rumbo como un barco a la deriva.

Oramos porque anhelamos y necesitamos comunicarnos con nuestro Padre Celestial. Queremos acercarnos a él con confianza para contarle todas nuestras inquietudes, para adorarle y agradecerle por todo lo que hace por nosotros… oramos para disfrutar de una relación personal e íntima con él.

Finalmente servimos al Señor porque lo deseamos y porque entendemos que no hay mejor propósito en la vida que trabajar para que el Reino de Dios continúe avanzando y prosperando. No le servimos por obligación o por temor sino más bien por amor y en agradecimiento por todo lo que él hace por nosotros.