Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón. Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejaras de tu tienda la aflicción. Job 22:22 y 23

Este es el consejo que debemos de entregar a todas las personas que viven de espaldas al Señor. Y a la vez asegurarnos que cada uno de nosotros también lo estamos poniendo en práctica.

La voluntad buena, agradable y perfecta de Dios para el hombre ha sido revelada por medio de la Biblia, pero él no quiere que sus mandamientos estén escritos sobre la madera, sobre la piedra ni tampoco sobre páginas de papel; sus consejos y mandamientos debemos tenerlos escritos en lo más profundo de nuestros corazones. Cuando algo ocupa un lugar en nuestro corazón es una señal de que es importante y valioso para nosotros. Lo que tenemos en el corazón son cosas a las que amamos, de la que hablamos y compartimos con naturalidad. De esa manera debería de ser nuestra relación con las Escrituras.

En segundo lugar la invitación que se nos hace es la de volvernos hacia Dios, si tenemos que volvernos es porque estamos de espaldas; el hombre se encuentra en un sentido contrario al Creador desde que fue expulsado del huerto del Edén. La vida espiritual comienza cuando nos volvemos para correr hacia sus brazos amorosos. Puede ser que seas ya Hijo de Dios pero que le hayas dado la espalda a tu Padre para ir en pos del pecado; si es así, vuélvete ahora mismo y ve a desayunar a la casa de Papá.

En tercer y último lugar debemos saber que cuando venimos al Señor nos encontramos completamente rotos y dañados por las consecuencias de nuestros pecados. Solo Dios es el único que puede edificar y restaurar el alma y el corazón, por ese motivo debemos acudir a su presencia. Es cierto que caminando con el Señor seguiremos teniendo luchas y dificultades pero ya todo es diferente porque sentiremos la compañía del invisible. Además la terrible aflicción de la Ira de Dios, de las cadenas del pecado y de la muerte eterna han sido quitadas de nuestras vidas gracias a la obra en la cruz de nuestro Amado Señor Jesucristo.