“Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos del Señor, su Dios, se olvidaron de él y sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera” Jueces 3:7

Cuando lees con detenimiento la historia y la relación del pueblo de Israel para con Dios te sorprendes de ver la necedad y la dureza de corazón que tuvieron una y otra vez los israelitas. Durante años fueron desagradecidos, infieles y rebeldes. Lo justo hubiera sido que Dios se deshiciera de ellos y siguiera su plan de redención eligiendo a otra nación. Pero el Señor como siempre mostró ser tardo para la ira y grande en misericordia.

Si somos sinceros podremos ver que lamentablemente no hay mucha diferencia entre nosotros y los israelitas. Una y otra vez realizamos cosas malas ante la atenta mirada del Señor el cual todo lo ve. Con frecuencia nos olvidamos de nuestro amado Señor y Salvador y terminamos corriendo hacia los falsos ídolos de este mundo los cuales te prometen mucho, pero al final te lo roban todo.

Es importante y necesario que cada uno en intimidad reflexionemos sobre las verdades y las advertencias que nos ofrece este valioso versículo. Guardemos diariamente nuestro corazón para no pecar contra el Señor, recordemos cada día su amor, su misericordia, su gracia y su fidelidad para no caer en el error de olvidarnos de aquel que lo es todo para nosotros y finalmente destruyamos una y mil veces a cada uno de los ídolos que tratan de persuadirnos y conquistarnos para separarnos de Dios.