“Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare; será traído al sacerdote” Levítico 14:2

La lepra era algo realmente terrible y devastador, era una enfermedad que arruinaba y arrasaba con todo, pero a pesar de su gravedad también es cierto que muchos leprosos eran sanados. Para obtener su completa restauración debían ser presentados ante el sacerdote para comprobar que estaban libres y limpios de la lepra. Finalmente se entregaban algunas ofrendas y la persona de nuevo por fin era persona. Recuperaba su ciudad, su hogar, su familia, en definitiva, era como si volviera a nacer de nuevo.

La lepra física es un tipo de la lepra espiritual que nos recuerda la calamidad y el desastre que produce en nosotros el pecado. Pero la magnífica y maravillosa noticia es que la lepra del pecado también puede ser sanada y restaurada por medio de la sangre de Cristo en la cruz del Calvario. El evangelio nos recuerda que hay esperanza y salvación solo y exclusivamente en la persona de Jesús.

Hay solución para todos aquellos leprosos espirituales que lo han perdido todo. Dios se hizo hombre para tocar y salvar a los hombres. Cristo es el sacrificio que cancela las maldiciones que teníamos con la lepra del pecado. Por medio de la obra de Jesús podemos ser declarados santos y justos. Todos nuestros pecados han sido perdonados y ahora podemos regresar al campamento con gozo. El Padre con amor y misericordia nos cambia las vestiduras de leproso por las vestiduras de Hijo de Dios. Ahora nacemos de nuevo, tenemos una nueva identidad y estamos seguros por siempre.

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