“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres” Malaquías 4:6

Nos encontramos ante el último de los versículos del Antiguo Testamento, después del profeta Malaquías se produce el conocido periodo de silencio (400 años donde no hubo ningún tipo de revelación). Precisamente lo primero que sucede a continuación de ese tiempo donde el cielo estuvo cerrado fue que Dios envió a su hijo Jesucristo para salvar a la humanidad.

Me resulta realmente asombroso como Malaquías profetizó la llegada de alguien que vendría para sanar y restaurar nuestras vidas y relaciones. Desde que el pecado conquistó a los seres humanos, vivimos en conflictos, peleas y divisiones. Matrimonios que se rompen, amistades que dejan de existir, discusiones en los hogares, maltrato, etc. Tristemente las relaciones en este mundo son un verdadero caos.

Pero la buena noticia es que Jesucristo no vino solo para salvarnos del pecado, Cristo realiza una obra integral en los corazones. Jesús y el Evangelio pueden restaurar las relaciones y todos los hogares. Dios es el único que puede hacer que nos abracemos con aquellos que nos dañaron, él puede derramar su amor perfecto sobre tu vida para que seas libre del rencor y de la amargura. A través de la gracia y el poder del perdón todas las relaciones pueden sanarse.

No vivas más en el periodo del silencio, deja ya la tristeza, sal del terreno del dolor y del egoísmo. ¡¡CORRE!! hacia Jesús y él hará que tu corazón se restaure y puedas disfrutar de la paz que existe tras la reconciliación.

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