Este es mi Hijo amado, en quién tengo complacencia; a él oíd. Mateo 17:5

Estas son las palabras que escuchó Jesús del Padre en el día de su bautismo y en el monte de la Transfiguración. Una hermosa y gloriosa declaración de amor. El Dios Padre se deleita en su Hijo, él es su Alegría y por toda la eternidad han estado disfrutando de una relación perfecta de unidad, amor y Gozo entre ellos.

Dios desea que cada uno de nosotros también amemos con toda nuestra pasión al Hijo, que él sea nuestra alegría y nuestra complacencia. Que podamos decir como el salmista “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?, fuera de ti nada deseo yo en la tierra”. .

El último consejo que nos ofrece el Padre es que escuchemos y obedezcamos todo lo que Cristo nos diga: “a él oíd”. Jesús es el Logos, la Palabra encarnada de Dios, Cristo es la voluntad de Dios personificada, él es la sabiduría, la verdad absoluta, el mejor consejo… en medio de tantas voces te animo a que escuches y obedezcas solo a la voz del Señor Jesús.