“El que tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días” Números 19:11

Había una gran radicalidad en cuanto a este tema en el pueblo de Israel, estaba absolutamente prohibido acercarte o tocar algún cadáver. No podías acariciar ni tocar el rostro de algún familiar fallecido y en el caso de hacerlo tendrías que estar aislado durante una semana debido a tu inmundicia. Evidentemente no sucede nada por tocar a alguien que este muerto, pero detrás de estas normas Dios deseaba recordar y enseñar grandes lecciones para los judíos y también para cada uno nosotros.

Estas palabras apuntan y nos recuerdan que la consecuencia final del pecado es la MUERTE. Ese fue el resultado y el fruto que obtuvimos tras nuestra rebelión en el huerto del Edén. Dios lo dijo muy clarito: “el día que comáis del árbol ciertamente MORIRÉIS”. La muerte es la evidencia definitiva de la maldición del pecado, y sus efectos generalizados. Podríamos decir que a nivel espiritual el ser humano esta muerto en sus delitos y pecados por ese motivo el hombre y la mujer permanecen inmundos y alejados del Dios tres veces Santo.

La buena noticia que ofrece el Evangelio es que Dios se ha acercado a los que estábamos muertos por medio de la persona de Cristo. Jesús vino para tocar y dar vida a los cadáveres espirituales, Él cargó con la inmundicia de nuestro pecado en la cruz del calvario. Gracias a la obra de Cristo y a través del acto sobrenatural de la regeneración o nuevo nacimiento aquellos que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados ahora estamos vivos para Dios. El Señor nos ha limpiado, nos ha restaurado, ha vencido al imperio de la muerte y nos ha regalado VIDA ETERNA.

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