“Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias” Números 20:11

Este fue el acontecimiento que impidió que Moisés finalmente entrara a conquistar y a poseer la anhelada tierra prometida. Quizás podemos pensar que Dios fue demasiado estricto y exigente con Moisés al disciplinarlo de esta manera después de todo el trabajo que había realizado con el pueblo.

Dios siempre quiere y desea que seamos OBEDIENTES a su palabra. El Señor le dijo claramente a Moisés que HABLARA a la roca y él por el contrario la golpeó. Dios le dijo en el huerto a Adán que NO COMIERA del fruto y el hombre por el contrario comió. Esfuérzate en todo momento por OIR y OBEDECER la voluntad del Señor revelada en su Palabra y serás feliz.

Toda desobediencia al Señor siempre trae consecuencias. Moisés no entró en la tierra prometida y por el contrario Adán fue expulsado del Edén. Sufrimos cada vez que nos rebelamos contra la voluntad perfecta del Señor y hacemos nuestra propia voluntad pecaminosa. A todo esto, debemos de añadir que Moisés no era uno más del pueblo, él era el líder escogido por Dios, aquellos que están en lugares de autoridad siempre tienen una mayor responsabilidad.

Este detalle no fue un simple acontecimiento, tras el golpe a la roca Moisés estaba sacando la ira y el enojo que tenía contra el pueblo rebelde. Recuerda que TODO lo que hacemos lo hacemos por alguna motivación profunda que hay en nuestro corazón. Cuidemos todas nuestras acciones, palabras y conductas para que podamos glorificar a Dios en toda nuestra manera de vivir. Recuerda finalmente que esa roca en el desierto apunta a la persona de Cristo, Jesús es la única roca que puede saciar la sed que tienen nuestras almas.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad