“Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto” Números 5:2

Cuando las personas en medio del desierto tenían alguna de estas características se volvían ceremonialmente inmundas. Nadie podía acercarse al tabernáculo o seguir conviviendo con el resto del pueblo mientras estuviese contaminado. Tras todas las limitaciones que existían e incluso con las expulsiones del campamento Dios deseaba mostrar y recordar la tremenda perfección y santidad que tiene su ser.

El corazón del ser humano se encuentra completamente afectado y dañado por la lepra del pecado. No podemos acercarnos de ninguna manera al Dios tres veces Santo. Desde que nuestros primeros padres se rebelaran y pecaron en el huerto del Edén TODOS hemos sido expulsados del hermoso campamento del Señor. Estábamos alejados, perdidos, sin esperanza y sin ningún tipo de posibilidad de tener relación con Dios.

Pero un día fue Dios mismo el que decidió hacerse hombre en la persona de Jesús. Él vino a las fueras del campamento para buscar, sanar y salvar a todos los que éramos leprosos, pecadores e inmundos espirituales. Jesús toco a los intocables y por medio de su toque fuimos completamente restaurados. GLORIA y GLORIA a Dios por su gracia, misericordia y amor.

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