Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días. Salmo 116:1 y 2

En este capítulo el salmista comienza explicando los motivos por los cuales ama al Señor. Recuerda su situación y su condición antes de tener un encuentro con su redentor. Por todo esto, tiene motivos más que suficientes para amar, adorar y servir al Señor porque ha tenido una experiencia personal.

Si reflexionamos en todo esto podríamos concluir que el cristianismo debe ser una relación de amor hacia Aquel que ha tenido misericordia de nuestras vidas. En ocasiones parece que seguimos al Señor por religiosidad, por costumbre, temor o porque simplemente es lo que tenemos que hacer como creyentes. Dios no desea lo sigas de esta manera, Dios desea tu amor.

Cada día deberíamos mirar atrás para no olvidar que Él ha estado, continúa estando y estará por siempre con cada uno de nosotros. Medita y no olvides ninguno de sus beneficios para que la llama de tu amor hacia Dios con el paso del tiempo aumente con pasión.