Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. Salmo 121:1-3

Cuando leo este versículo fácilmente puedo imaginarme a una persona que se encuentra en un valle rodeado por sus enemigos mirando y esperando que alguien venga a socorrerle. En ocasiones el creyente también se encuentra en el valle de este mundo rodeado de enemigos, temores y problemas. Sea cual sea nuestra situación siempre debemos esperar y confiar en el Señor.

Él no dejará que resbalemos y jamás se dormirá ni se despistará aquel que ha prometido cuidarnos todos los días de nuestra vida. Nosotros cuando estamos agotados luchamos con el sueño, pero nuestro Dios jamás en toda su eternidad ha dado una cabezadita. Él no duerme la siesta ni tampoco duerme por la noche, el Señor vigila constantemente a cada uno de sus hijos.

Creer y confiar en estas palabras pueden ofrecernos un gran descanso para nuestra alma en los momentos de inquietud. No dejemos de poner nuestra mirada en el cielo de donde dentro de muy poco vendrá nuestro socorro.