Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva. Salmo 146:2

Este versículo es una maravillosa declaración de intenciones. El salmista se propuso en su corazón alabar el nombre del Señor cada uno de sus días. Así deberíamos de hacer también cada uno de nosotros, proponernos salga el Sol por donde salga que el Señor escuche cada día de nuestros labios agradecimientos, peticiones y canciones.

Hacer esto es una señal de verdadera madurez espiritual, nuestra vida cristiana no puede ser como una montaña rusa donde un día nos encontramos por las nubes y al siguiente estamos hundidos por el suelo, debemos ser como un tren el cual es estable continuo y siempre avanza hacia adelante.

No dejes que las emociones gobiernen y controlen tu adoración porque entonces estarás completamente perdido. Busca al Señor aunque no lo sientas, lee la Biblia, ora y canta aunque no tengas ganas. Ancla tu espiritualidad en la obediencia y no en el sentimiento. Además recuerda que estés como estés Dios es digno y merece tu mejor adoración.

Normalmente el hombre siempre está pensando en cosas con las que comprometerse y ser disciplinado para obtener algún resultado, algunos se proponen (aprender un idioma, sacarse el carnet de conducir, salir a correr, apuntarse al gimnasio, terminar la serie de televisión…etc) todo esto es completamente superficial pero hoy te animamos a proponerte en tu corazón alabar a Dios todos los días de tu vida hasta que la muerte te robe el aliento y te lleve directo hasta su presencia.

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