Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Salmos 145:1 y 2

Sea como sea la circunstancia que estemos atravesando debemos exaltar y bendecir el precioso nombre de nuestro Señor. Es en los momentos de dolor y de dificultad donde nuestras oraciones y alabanzas salen de lo más profundo de nuestro ser.

Debemos ser maduros para someter nuestras almas y no caer en el error de cantar y bendecir al Señor solo cuando todo nos va bien. Aquello que estaremos haciendo por una eternidad es precisamente lo que tenemos y debemos de hacer cada día.

Canta al Señor aunque no tengas fuerzas, ora aunque no tengas ganas, exalta y bendice a tu Dios aunque el diablo parezca que ya tiene la victoria en su bolsillo. Aunque la tempestad te esté azotando con toda su furia permanece anclado en el Gozo de la Salvación y en su palabra.

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