Escucha, oh Dios, la voz de mi queja. Salmo 64:1

Que impresionante es este simple versículo, detrás de su brevedad hay muchísima profundidad. Lo primero que me llama la atención es la relación tan sincera, profunda y transparente que tiene el salmista con Dios. Él no es como muchos de nosotros que a veces escogemos las palabras para realizar una correcta y estructurada oración, él simplemente abre y derrama su corazón con Dios como si lo estuviese haciendo con su padre o con un amigo.

Necesitamos acudir a Dios con nuestras alegrías, nuestros sueños, sentimientos pero incluso con nuestras quejas y enfados. Y eso es precisamente lo segundo y último que quiero destacar.

El ser humano se queja por naturaleza, cada uno de nosotros diariamente nos quejamos por miles de cosas y además solemos hacerlo con alguien a nuestro lado. Créeme que quejarte no te hace bien ni a ti, ni mucho menos a los que tienes a tu alrededor.

Pero como a veces tenemos que quejarnos y expresar lo que pensamos o sentimos, lo mejor y más sabio que puedes hacer es acudir a Dios con tu queja para salir con paz y gozo después de su presencia. «Cambiemos nuestra QUEJABANZA por la ALABANZA»