Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. Salmo 69:1-3

Este es un salmo de clamor con palabras de verdadera angustia. Nadie dijo que ser cristiano sería vivir entre algodones y estar exento de pruebas y dificultades.

La Biblia es un libro muy real que muestra una y otra vez el sufrimiento que hombres y mujeres han atravesado a lo largo de sus vidas. En ocasiones sentirás que estás clamando a Dios con toda tu alma y el cielo pareciera estar completamente cerrado para ti.

Son en esos momentos de silencio, esa etapa en la que Dios pareciera no estar, no actuar y no tenernos en cuenta que nuestra Fe entra en un proceso de desgaste o incluso de crisis.

Debemos ser maduros y seguir clamando, aunque todo siga igual, aunque tus enemigos continúen susurrándote tras la nuca y las personas que más amas sigan lejos del Señor. Jamás pierdas la Esperanza en Dios porque entonces estarás completamente hundido.

Recuerda toda palabra que sale de tu boca llega al trono de la Gracia por medio de Cristo que está intercediendo por ti, cada lágrima de tus ojos el eterno las contempla. Finalmente debemos aprender a descansar y a confiar en aquel que jamás llega tarde sino justo a tiempo.

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