Oh Dios, acude a librarme; Apresúrate, oh Dios, a socorrerme. Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas. Salmo 70:1 y 5

Al igual que una persona clama y espera con angustia que los bomberos aparezcan mientras ve como las llamas avanzan por su casa. De la misma manera nos sentimos muchas veces cuando vemos que nuestro problema está arrasando como el fuego y el Señor se demora en llegar.

Son en esos momentos de impotencia donde sentimos que no podemos hacer nada en nuestras fuerzas y dónde experimentamos el aguijón de la prueba que el Señor trata en nuestro interior. Al final son en estas circunstancias donde más se glorifica.

«Apresúrate, no te detengas» probablemente estas eran las palabras que había en el corazón de Jairo o el mensajero que Marta y María enviaron. Ellos veían como la vida de sus seres queridos se apagaba como una vela y el tiempo se terminaba como en un reloj de arena.

Hemos de aprender a vivir en medio de esos momentos de tensión. Dios en muchas ocasiones utiliza situaciones como estás para ayudarnos a crecer y a madurar. Por muy difícil que se encuentre alguna situación en tu presente no olvides jamás quien camina a tu lado.